Mitos y verdades acerca del Aloe Vera (II)

En nuestro primer post comentamos generalidades acerca de varias subespecies de esta planta y tal como os prometí dedicaré esta seguna entrega a la más conocida de ellas: el Aloe Vera.
Su principal uso es externo pues tiene amplias y reconocidas posibilidades de acción terapéutica, como cicatrizante, emoliente, astringente y para alivio de quemaduras.
Personalmente lo he probado en ocasiones de padecer involuntarias quemaduras de sol, en esas ocasiones en que uno no ha llevado protector y lo único que tiene a mano es una planta de Aloe. El verano pasado, sin ir más lejos, recuerdo que simplemente tomé una de sus hojas más generosas, la he cortado (tal como ves en la imagen) y la he pasado directamente sobre mi piel. El alivio ha sido instantáneo.
Más allá de mi experiencia personal, vale siempre consultar un médico y depende de tí el hecho de correr el riesgo de utilizar la planta virgen (quizá no en las mejores condiciones de higiene) u optar por un aloe más “industrializado” por decirlo de algún modo.
La acción terapéutica que mencionábamos, se debe a la presencia de mucílagos con glucorproteinas de acción antiinflamatoria y anticancerígena como la aloctina A. También posee acción antialérgica como la aloína y la barbaloína (sustancias que poseen actividad catártica sobre el colon).
Por último, siempre hablando de uso externo, vale mencionar sus propiedades cosmetológicas bajo forma de cremas, champúes, filtros solares etc.
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